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Manchay: conoce la primera comisaría que atiende a los vecinos en quechua

Agentes de la comisaría de Manchay también han habilitado una escuela de alfabetización, en la que enseñan a leer y escribir.

La comisaría de Manchay se convirtió en la primera en la ciudad de Lima en brindar servicio a los vecinos en quechua. La dependencia policial cuenta con al menos 10 efectivos que dominan el idioma originario a fin de atender las denuncias de la ciudadanía.

Esta iniciativa surgió a raíz de la necesidad que detectaron en la zona, que alberga a unas 10 mil personas quechua hablantes. Según el sargento Adán Alarcón, existe una gran demanda de vecinos que acuden a la comisaría por ayuda, hablando en su idioma originario.

“Hay muchas personas que vienen a hacer su denuncia. Todos los días vienen mujeres quejándose de violencia familia y nosotros las atendemos. Tenemos una relación muy buena con la población, cada vez hay más confianza en nosotros”, explicó.

Las Escuelas de Alfabetización

Pero este no es el único mérito que se ha llevado la comisaría de Manchay. Y es que los efectivos han implementado la ‘Escuelita de Alfabetización’, una iniciativa que se ha replicado también en Vitarte, Huaycán y Cieneguilla. Allí, personas de todas las edades reciben clases gratuitas para aprender a leer y escribir.

“Es una escuela que nace con las juntas vecinales porque cuando queríamos hacer labor de inteligencia, ellos tenían que darnos información, pero no podían hacerlo porque no sabían leer ni escribir. Entonces vimos la necesidad que los policías comiencen a enseñarles”, detalló el coronel José Enrique Díaz.

Uno de los casos más inspiradores de este espacio destinado a la educación, es el de Irene Vallejos, una mujer de 67 años que llegó de Apurímac hace más de 50 años y ahora está aprendiendo a leer y escribir.

Ella estuvo en la cabina de Capital para contar su historia de vida y la gran oportunidad que hoy tiene para poder comunicarse con su entorno de manera más eficaz.

“Ellos (los policías) hacen lo posible, no sé de dónde sacan nuestros cuadernos y nuestros libros. Sé escribir mi nombre, mamá, papá; estoy aprendiendo multiplicación y suma poquito a poco”, relató en entrevista con Milagros Leiva.

“Llegué a Lima a los 14 años, fui empleada del hogar. Me pagaban en aquel tiempo 6 soles al mes, no había seguro para mí. He sufrido mucho y ahora estoy acá”, agregó.

El primer caso solucionado

Otra de las historias que llamó poderosamente la atención, según el relato de los efectivos, fue el de unos delincuentes que llegaron a la comisaría por haber cometido un robo.

Una vez en la sede policial, los hampones empezaron a comunicarse en quechua, revelando cómo habían cometido su delito, sin imaginar que uno de los agentes que los escuchaba también dominaba el idioma.

“Hubo dos detenidos por robo, eran sospechosos. Entre ellos estaban comunicándose en quechua y pensaron que nosotros no sabíamos. Yo escuché todo, entendí lo que estaban diciendo y les empecé a hablar en el idioma”, comentó el agente.

La historia tuvo un buen final, pues los efectivos pudieron conocer desarticular la banda tras conocer de primera mano cómo habían actuado los facinerosos y dónde habían dejado el dinero robado.


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